LA VANGUARDIA (8-12-1956)
Estamos ante otra gran película española, una película importante aquí y en cualquier lado. La ha escrito y dirigido José Antonio Bardem, quien, según sus propias palabras, entiende que el encontrar en términos de luz, historias de la gente. La gente de «Calle Mayor» es común y vulgar, es la gente que vive en una ciudad de provincia cualquiera, movida por los escasos y pobres incentivos de una existencia confinada, constantemente igual a sí misma, aburrida y vacía. Inspirándose en «La señorita de Trevelez», de nuestro inolvidable, Arniches, Bardem ha utilizado con gentes, un grupo joven de esas gentes, para expresar una realidad y para contar una historia, la de una broma tremenda y terriblemente cruel: fingir amor y mentir promesas de matrimonio a una pobre mujer, provinciana, ya condenada a una soltería irremediable de cuya penumbra sólo saldrá durante los días maravillosos que dure el embuste del noviazgo, durante las horas encantadas en que unos ojos de hombre miren en los suyos por primera y última vez. La magia del amor en el rostro y la vida marchitos de la protagonista ha sido creada por Bardem con una gracia y una ternura infinita, con una delicadeza dramática y perfecta. La esperanza, el júbilo de desengaño quedan definidos en una admirable combinación de ideas cinematográficas plenas de sentido humano y de poderosa palpitación trágica y poética, como, por ejemplo, la declaración de amor durante la procesión, la visita al salón de baile vacío, la angustiosa incertidumbre de la estación o él regreso al hogar yerto y vacío bajo la lluvia. Hay; pues en «Calle Mayor» un interés vivo y penetrante, transido de amargura y de verdad. Hay también, lo cual se nos antoja decisivo, un exacto equilibrio entre la literatura y el cine hasta dar en una pura apariencia de realidad. Tras la historia propiamente dicha. Barden despliega en la película una larga serie de observaciones que acaso no puedan considerarse representativas, pero que evidentemente responden a una verdad social de extensión universal probablemente, aunque esto se nos antoje factor secundario. Esta verdad, que el artista ha escogido haciendo caso omiso de las demás verdades que no importaban al caso; como debe hacer todo artista. Las ha pintado Bardem con dureza; con implacable acritud, sin permitiese la menor solución de conveniencia. Y al fmal, después de haber asistido a la opaca procesión de los días, después de haber contemplado a los- gamberros dedicados al cultivo de su barbarie de desocupados espirituales, después de haber oído las palabras del agazapado y del limpio de corazón que nadie ha de escuchar, después de haber sentido la infinita pesadumbre de la mujer frustrada en, su mejor esperanza, «Calle Mayor» concluye con la misma dura realidad de todos los momentos anteriores. La interpretación de Betsy Blair es una de las maravillas de la cinta, por su contenido sentimiento, por su iluminada autenticidad, tan diestramente desarrollada por el director, de cuyas manos sale, con calidades conjunta notabilisimas, una serie de personajes desempeñados con el máximo acierto, sobre todo en cuanto se refiere a José Suárez, que lleva a cabo en «Calle Mayor», sin duda, la más brillante labor de su carrera, la más natural y desenvuelta. La música de Kosma, la elegancia de los diálogos —medidos en todas sus proporciones— y el mérito de la fotografia redondean los logros de la película. — H. SÁENZ GUERRERO.
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