LA VANGUARDIA (7-9-1973)
Una vaga y difusa historia, realizada con pulso inseguro, sobre un guión inconexo, de escasa originalidad, sin fuerza dramática que, a la postre, no quiere ni logra decir nada. Más que una película en su estricto sentido, parece el balbuciente ensayo experimental de quién todavía tiene muchas cosas que aprender y, por desgracia pocas que decir. Por qué esta película tan carente de verdaderos méritos ha sido premiada con la «Concha de Oro» de San Sebastián. Confesamos nuestro completo asombro, ya expresado cuando comentamos el fallo sorprendente. En todo caso las razones de este fallo sólo podrían ser extra artísticas. Que en un festival al que concurría Lelouch, Robert Wisse, Richard Fleischer, Robert Alttnan, Bodganovitch, Vádja, etc. haya sido premiado este vacilante filme, se hace muy costoso y difícilmente comprensible. La cinta cuenta, de un modo harto vago una pequeña peripecia del mundo de los niños. Dos muchachitas ven un día una película de Frankenstein y está visión suscita en ellas temores, dudas, sensaciones, fantasías... Los padres son, a su vez dos alucinados. La madre escribe unas cartas apasionadas a... nadie. (La aclaración de que no están dirigidas a nadie, la hizo el señor Querejeta, productor del filme, en unas declaraciones), y el padre es un ser hermético, que cuida sus colmenas, aun cuando, profesionalmente, no «os parece un apicultor. Entre uno y otro apenas si se cruzan en el curso del filme una docena de palabras. El generoso jurado creyó encontrar un loable mérito en esta «economía de diálogos», juicio verdaderamente peregrino. Durante los primeros treinta y cinco minutos no pasa nada que sea siquiera reseñable. Y como no hay nada que explicar, la cámara pasea su objetivo por el paisaje morosamente, lánguidamente. Luis Cuadrado, excelente fotógrafo, se aprovecha. Pero nada más. Y como las dos niñas pasan a ser, a través de sus diálogos, los personajes principales del filme, asistimos asombrados e impacientes— a su incoherente charla, cuyo sentido nos resulta dificil de alcanzar Sobre este aspecto de la cinta, el jurado también nos ilustra aclarando que la película ha sido premiada por «su calidad poética al tratar el tema del miedo y la hostilidad en el mundo de la infancia». Las dos criaturas, Isabel Telleria y Ana Torrent, de unos ocho o nueve arios, más bien nos parece que lo que sienten es curiosidad más que temor. En todo caso su problema es mínimo La película acaba con la misma languidez e insipidez con que comienza. Los actores adultos —Fernán Gómez y la Gimpera— reducidos a una función casi pasiva, no están bien ni mal. Y algo parecido cabe decir de las niñas, y ya hacen harto esfuerzo las criaturas. — M. T.
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