lunes, 8 de agosto de 2011

MI QUERIDA SEÑORITA (1972)



LA VANGUARDIA (24-9-1972)
Al acabar la proyección del filme estalló en la sala, con ostensible espontaneidad, una ovación bastante nutrida y entusiasta, raro fenómeno en el cine, en donde aplaudir no constituye hábito. Traducía sin duda esta ovación él complacido asentimiento de un público que había pasado hora y media excepcionalmente divertido e intrigado. Y tal vez, también, sorprendido por la audacia del tema y la admirable, soltura con que ha sido resuelto. Porque hasta ahora, el problema tremendo dé los cambios de sexo, tan humano, no había sido llevado, que recordemos, al-cine ni al teatro. En cambio, suele andar y bullir par la prensa sin recato alguno. Pero es porque la prensa sólo, se reduce, en tales casos, a registrar su fenómenalidad, pero no a penetrar en su íntima esencia, en su transfundo psíquico, en su; dimensión existencial. Y en esta película se ha procurado —y, logrado-- ahondar y hurgar un poco en todo ello, planteando el problema, que gráficamente —es decir, en su encarnación plástica— ofrecía dificultades múltiples, de un modo tan eficaz como atrevido y en toda su turbadora dimensión. La trama nos relata el caso de «Doña Adela», una bien considerada solterona que vive en una pequeña población de provincias. Desde muy joven ha sentido trastornos muy extraños. Uno de ellos, que a partir de los 17 años le ha nacido barba, y tiene, secretamente, que afeitarse. Pero ;la dama, que ha llegado ya a los 43 años, no ha perdido jamás la compostura. Siente repulsión fisica pero no moral ni social hacia los hombres, y admira tímidamente a las mujeres sobre todo: si son bonitas. Pero no hay en su conducta; nada de reprocharle: y en su vieja ciudad, todos la respetan. Cuando alguien quiere interrumpir su soltería, ella se cree obligada a consultar sus anomalías secretas con un especialista. Y la verdad estalla como un explosivo de los «fedayin». Doña Adela no es una mujer. Una malformación física la ha conducido a mantener este error durante tantos años. El cambio de sexo entraña complicaciones múltiples. ¿Cómo acomodar a una solterona de provincias a la vida que. debe llevar y hacer un varón de más de cuarenta años? ¿Cómo deberá ganarse el sustento en adelante? ¿Cuál ha de ser su relación a partir de ahora con el otro sexo?. El guión de José Luis Borau y de Jaime dé, Ármiñán -así como la brillante labor artística, como realizador, de este último—nos hacen asistir a las concitaciones de este cambio, percibir de un modo exacto sus vicisitudes, calibrar lo que hay de angustia vital, auténtica, en la transformación. Pocas veces hemos podido admirar un guión tan preciso; discreto y lúcido, ni una dirección y planeamiento del problema más hábil. Pero la labor de Armiñán, tan meritoria, no habría llegado a su luminosa plenitud sin la sorprendente interpretación de José Luis López Vázquez en una de las más sagaces, inteligentes y matizadas interpretaciones que hemos visto en el cine. No sólo, por supuesto, en el cine español, sino en el cine, en abstracto. Prodigio dé equilibrio, tanto cuando interpreta, el papel femenino, como cuando, ya liberado del aparente error de la naturaleza, adquiere sus aptitudes de varón. Una Julieta Serrano desbordante de emoción, de ternura y de unción, viene a ser el justo contrapunto a la brillante labor de López Vázquez. Muy bien está, asimismo, en su breve papel, Antonio Ferrandis, y espléndida de seducción, en el suyo, la bonita y arrogante Mónica Randall. — A. MARTÍNEZ TOMAS.  







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