martes, 16 de agosto de 2011

EL JUDAS (1952)


LA VANGUARDIA (23-5-1952)

No hemos sido los únicos, pero si de los que con más firmeza y constancia hemos mantenido nuestra confianza en el talento de Ignacio F. Iquino, en quien vimos siempre uno de nuestros directores de más claro sentido cinematográfico, aunque muchas veces apareciera empañado por concesiones y compromisos perfectamente comprensibles en el negocio del cine, pero que desvirtuaban a los ojos del público las indiscutibles posibilidades de una personalidad a la que no había llegado el triunfo que merecía. «Brigada criminal» fue. la primera película que comprendió cuantos aciertos de estilo, de ritmo y de movimiento habían aparecido dispersos en obras anteriores. Iquino había hecho con ella un cine de inspiración radicalmente dinámica, para el que tan excepcionalmente dotado está, pero faltaba la creación que uniera a su total dominio de la técnica, a su fino instinto de manipulador de imágenes, la densidad de un tema trascendente, de abiertas perspectivas humanas, que no concluyera al desaparecer las sugestiones visuales ae sus penemos; hsa creacion na negado, por nn. hsa creación es «El Judas». Sería injusto, sin embargo, olvidar en esta, hora de éxito tan preciosa colaboración que Iquino ha encontrado en Rafael J. Salvia como autor de la idea argumental y guionista. Cábele a esté el mérito singularísimo de haber concebido un asunto original por sus cuatro costados, de haberle dotado de una vibración espiritual extraordinaria y de haber sabido comprender cinematográficamente un tema que ya era muy considerable literariamente considerado. La identidad de pareceres entiende director y guionista, su compenetración —tan rara en el cine nacional— y, en suma, el complemento que el uno ha representado para la, tarea del otro, ha sido el punto de partida ideal de una película merecedora, de todos los elogios. La historia de «El Judas» es dificil de esbozar, ni siquiera a título de orientación. Señalemos, empero que en ella se describe la progresiva transformación espiritual de un hombre perverso gracias al mensaje de amor, de fe y de piedad que los textos bíblicos ponen en sus labios al interpretar la divina figura de Jesucristo en la «Passió» de Esparraguera. Se trata, pues, de un tema de evidentes dificultades de versión, porque en ningún género narrativo es tan difícil reflejar la «acción interior» como en el cine, sobre todo cuando se trata de una «acción interior» tan delicada, tan sutil y tan profunda como la que se opera en el alma del protagonista de «El Judas», que' en la Vida, Pasión y Muerte de Jesús, haya la iluminada senda de la penitencia y del perdón. El escenario de la cinta es la misma villa de Esparraguera; los personajes —excepto Antonio Vilar y Manuel Gas—, sus mismos vecinos, los que, todos los años, en tradición imperecedera, representan el Drama Sacro de la Pasión. Tal vez por estas circunstancias ambientales y humanas late en «El Judas» una enorme autenticidad, un realismo directo sencillo que no hubiera sido factible de otro modo. Y gracias a ello también, esa magnífica alternancia de las escenas de la «Passió» con las que relatan la historia del protagonista en su vida particular —por decirlo de alguna manera— cobran toda la eficacia y significación precisas y constituyen el contrapunte mediante el cual la cinta alcanza la altura requerida, en lo religioso, en lo humano y en lo patético. La forma que Iquino ha dado a «El Judas» se ajusta prodigiosamente a las exigencias que la hondura del asunto imponía y así ha logrado armonizar el tono de cada situación con el de la composición de los planos hasta culminar, por un lado, con la brutal secuencia —verdaderamente única en los anales del cine español— de la agresión y la venganza en la cantera; y por otro lado, con la emoción de los planos postreros, cuyo dramatismo, contenido, tenso, impresionante, tiene difícil Superación. En este sentido hay que hacer constar la valiosísima participación de Antonio Vilar, cuya interpretación, soberbia de matices, de intención y de sentimiento, le confirma con el mejor actor del cine dé habla española. A su alrededor los incógnitos actores de Esparraguera forman el conjunto más natural y más expresivo que pueda imaginarse. Para ellos, como para cuantos han hecho posible «El Judas», el testimonio de nuestra admiración. — H. SÁENZ GUERRERO. 








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