LA VANGUARDIA (19-9-1978)
En su día, hace unos cuatro años, el doble crimen cometido en una fmca de Pedralbes conmovió a Barcelona y suscitó la desazón y la angustia en casi toda España. Un matrimonio da gente acomodada, bien vista y conceptuada en la ciudad, fue bárbaramente asesinado. En la misma película se confiesa que fue uno de los crímenes más atroces y execrables por las circunstancias de que los cadáveres habían sido materialmente cosidos a puñaladas. El asesino resultó ser un antiguo empleado de la fmca, a quien los dueños habían tratado siempre con simpatía y consideración. Gonzalo Herralde ha juzgado —sin equivocarse— que sería interesante conocer «de visu», en la pantalla, al autor de aquel crimen. Este es José Luis Cerveto, personaje que fue condenado a dos penas de muerte, que por supuesto, no fueron cumplidas por los consabidos indultos de éstas penas que siguieron al cambio de régimen político. Con un buen planteamiento, Herralde hace desfilar por la pantalla a algunas de las personas que habían conocido y tratado a José Luis Cerveto, que nos explican cómo era, desde su especial óptica, este criminal. Entre los que «deponen» en la encuesta figuran incluso el abogado que le defendió ante los tribunales. José Luis Cerveto, que comparece también en la pantalla y sa muestra un personaje de fácil verborrea, no intenta en ningún momento negar su crimen. Confiesa que quiso matar, desde un determinado momento, sin reales motivos, y sólo vagamente, aspira a atenuar su responsabilidad —aun cuando no sus crímenes— por el abandono de que fue objeto, a los dos años, por su madre, y también a los errores de su educación en un orfelinato, en donde un «educador» lo inició, a los seis años, en los extravíos sexuales, de los que pasó a estar siempre atraído y fascinado. Cometió —confiesa— centenares, tal vez millares, de abusos deshonestos, con docenas de niños. «Hubo días —dice— de cometerlos seis y siete veces». El personaje, es, manifiestamente, un caso claro de perturbación sensorial y de extravío mental, pero con una indudable vena de perversión, que no excluye —según los psiquiatras que le examinaron y que aún continúan haciéndolo= su responsabilidad. Por cierto que José Luis Cerveto, en varios momentos de sus confesiones alude a los sociólogos, criminólogos, psiquiatras y otros estudiosos del fenómeno social y de la personalidad humana, llenándoles de insultos. El documental alcanza en muchos momentos un interés apasionante, y suscita en todo espectador con sensibilidad las reacciones y reflexiones más amargas. — A. MARTÍNEZ TOMAS.
Thanks for your comment, Paco Granados
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