lunes, 8 de agosto de 2011

EL BOSQUE DEL LOBO (1971)




LA VANGUARDIA (6-11-1971) 
Pedro Olea es un joven realizador que debutó hace unos tres años con la película «Días de viejo color», de muy mediano —por no decir nulo— éxito comercial y de méritos en total desacuerdo con las ambiciones que había puesto en ella. En este nuevo filme Olea ha rectificado sustancialmente su postura. En efecto, «El bosque del lobo» sin dejar de ser una cinta con aspiraciones artísticas muy justificadas, resulta una obra excelente, equilibrada y bella, bien lejos de los pueriles alardes estilísticos que fueron sus primeros pasos en el largometraje. El terna, tomado de la novela de Martínez Barbeito, «El bosque de Ancines» rememora circunstancias sociales y ambientales de la Galicia de hace un siglo. En este país de sagas, de leyendas, meigas, saludadores» y hombres-lobos, persistían por aquel tiempo las más groseras supersticiones populares. Olea ha trasladado a la pantalla la evocación de aquella tierra con un admirable acierto plástico, artístico y humano. El ambiente social y los personajes que lo pueblan cobran realidad física. Y entre estos últimos sitúa a «Benito Freire», un buhonero que recorría el país impulsado por sus menudos tráficos. Pero Freire era un «aojado», es decir un sujeto que había sufrido, de niño, el «mal de ojo», y que consciente o inconsciente, con saña criminal —que en efecto hace pensar en un irresponsable— se lanza a cometer una serie de crímenes. Once, en total, según estimaron los tribunales que lo enviaron, más tarde, al patíbulo. El personaje es una de esas alucinantes figuras que nutrían en su época los romances de ciegos. En ocasiones, la película nos parece influenciada por el «esperpentismo» vallinclanesco. Pero la impresión sólo se mantiene de modo fugitivo, sin los extremos bárbaros y escalofriantes a que ha llegado en su obra literaria y teatral el fabuloso don Ramón. Temeroso, al parecer, de caer en todo trernendismo, Olea se contiene y si acaso peca de algo su excelente película es de un firme pero tal vez demasiado riguroso sentido de la moderación, que le imprime frialdad a un tema tan escalofriante y vivo. Un público estragado por las exageraciones del sadismo, la crueldad y la sangre, es posible que encuentre la cinta, para su gusto, poco «sazonada». Moderación que a nosotros, en cambio, nos parece una gran virtud, digna de loa y de una efectiva y elogiable ejemplaridad. Olea pudo, de haber querido, hacer en esta ocasión un filme sangriento y bárbaro, pero ha tenido la elegancia de no dejarse arrastrar por la corriente. «El bosque del lobo» fue premiada en la Semana de Cine de Valladolid del año pasado. José Luis López Vázquez está extraordinario en la encarnación de la siniestra figura del buhonero asesino. Este actor, que se ha desvalorizado por su intervención en numerosas películas «de risa», se crece inmensamente en las de índole dramática. En «El bosque del lobo» tiene momentos de suprema tensión, en los que pone de relieve sus proteicas y brillantes posibilidades de recuperación. Confiemos en la conversión con esperanza. Amparo Soler Leal hace una buena creación de la figura de .Doña Pacucha». es una actriz que todo lo hace bien. — A. MARTÍNEZ TOMAS. 





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