Día critica (9-10-1948)
Hace
casi un siglo que Tamayo y Baus estrenó su drama «Locura de amor»
y aun hoy, cuando tanto han cambiado las formas teatrales, la obra se
alza poderosa en un alto vuelo grandilocuente. Podría hablarse
largamente, pues la película da materia para ello, de ese constante
problema que las adaptaciones teatrales plantean al verterse, o
intentar verterse, al idioma cinematográfico, de leyes tan
peculiares, mas quizás baste en este caso con decir que Juan de
Orduña, fino director que ya con “Un drama nuevo” rompió los
sellos del teatro romántico actualizado en el cine con singular
acierto, ha mantenido intactas todas las líneas de perspectiva de la
obra original, hasta el minino dialogo, limitando con ellas su labor
de creación puramente cinematográfica a aquellas situaciones
susceptibles de una descripción gráfica de gran estilo, que
aprovecha en todos los órdenes de un modo impecable. «Locura de
amor» tiene por tanto dos componentes claramente definidos: la
estrictamente teatral y la cinematográfica, ambas tan reciamente
ensambladas, fundidos tan sólidamente sus valores particulares que
acaso sea esa labor de función lo más notable de la cinta por el
hecho de que lo que tuvo un lugar en la escena, lo tiene también
ante la cámara sin que nada se haya perdido con el camino; es decir,
las calidades que Tamayo y Baus puso en «Locura de amor» sobrevive
en el celuloide al paso de los años y de les gustos y lo que en frío
puede parecer exceso declamatorio, se determina en el ánimo con
firme fuerza trágica de la mano de un inteligente juego de planes
cinematográficos, con lo cual quizá se haga el mejor elogio de la
ardua labor que Ordeña se ha impuesto. Queda por comentar el
aspecto, insolayable, de la alteración que la obra imprime a los
hechos históricos, a veces muy considerable. Para los que claman
ante la desfiguración de unos hechos que Clio dejó en su sitio hace
muchos siglos, acaso convenga advertirles que Talia y la musa
cinematográfica, aún innominada pero existente tienen ciertas
exigencias y pueden permitírseles determinadas licencias a fin de
dar a la árida letra de los cronicones el encanto novelesco de la
leyenda, el aire fresco de lo imaginable o tanto más cuanto en
definitiva la esencia del drama humano e histórico no va de
trayectoria. Ninguna versión de las muchas que la vida de Juana la
Loca dio a la literatura, tienen mucho que ver con las afirmaciones
de sesudos historiadores. No es justo pedir que la película sea una
excepción. Antes de acabar señalemos el mérito dé la música y de
las decoraciones y vestuarios tan decisivos para crear el ambiente en
que el asunto se desarrolla, pero sobre todas las cosas se hace
preciso elogiar la magistral interpretación de Aurora Bautista en su
primera y triunfal aparición ante las cámaras. Su gesto, de
auténtica estirpe teatral, y su dicción, pura cálida y rotunda,
configuran la atormentada psicología de la reina de Castilla con una
fuerza dramática poderosísima. Sobresalen a su lado las creaciones
notabilísimas de Fernando Rey, en el papel de Felipe el Hermoso;
Jorge Mistral, en el mejor cometido de su carrera; Juan Espanteleón,
siempre en la mejor línea de su estilo; Sara Montiel, tan
convincente como bella, y Jesús Tordesiilas y Manuel Luna, entre
otros muchos actores. — H. SAENZ GUERRERO.
Thanks for your comment, Paco Granados
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