lunes, 8 de agosto de 2011

EL CORAZÓN DEL BOSQUE (1980)




LA VANGUARDIA (3-4-1980) 

Manuel Gutiérrez nos planteó importantes problemas de comunicación desde sus primeras películas. En 1973 dirige «Habla mudita», que le sitúa como una promesa a tener en cuenta. Hoy su categoría profesional queda por completo reflejada en esta cinta que nos habla de los recuerdo infantiles ,de la vida del «maquis» corno algo mítico, y del bosque como un espacio geográfico con vitalidad y fuerza arrolladora e implacable. Para explicar esta trayectoria la dialéctica hombre-paisaje, Gutiérrez se circunscribe a los años cincuenta cuando, los hombres que habían luchada desde las montañas se encontraban sin esperanza, en una acción convertida en combate de la propia supervivencia Para Gutiérrez, el bosque es una realidad dura, un lugar que va consumiendo lentamente. Los dos polos de la acción son, por una parte, los altos de las montañas donde el «Andarín» el jefe de los maquis, se ha quedado solo por muerte o deserción de sus compañeros, y por la otra, el pueblo que mantiene con el maquis una relación cada vez más distante. Un hombre va en busca del «Andarín- El pueblo calla, pero el bosque tiene tinas pistas que para Juan (Norman Briskl) suponen el modo de interpretar el camino. Nos encontramos en el «corazón del bosque»» es decir en un universo Conrad, o sea, en el mundo de ensoñación captado por Gutiérrez Aragón con la complicidad de los recuerdos de muchacho que ha vivido cercano al bosque y de las lecturas de juventud, hierba, árboles, maizales, nieblas, sombras, luces, suponen unos condicionamientos literarios para los creadores del género de aventuras. Pues bien, Manuel Gutiérrez ha logrado recomponer el lenguaje del bosque, al mismo tiempo que crear la evolución del hombre de las montañas que poco a poco va perdiendo su heroicidad. El escenario natural es el bosque de Saje, cercano a Llanés, en Asturias. No es un lugar sólo bello, sino terrible. Con la complicidad de Teo Escamilla, excelente profesional y bien identificado con el director, se ha logrado la captación de un mundo insólito —no me extrañaría que el bosque fuera totalmente distinto en la realidad, es decir, que las brumas, los sonidos las sombras estarán en una creación total del equipo que como obra cinematográfica es un avance a nivel de lenguaje, y como espectáculo —de ningún modo facilón—, una delicia. El capítulo de la interpretación se concreta con la espléndida presencia de Angela Molina, y con la profesionalidad de Norman Briski y Luis Politi. A estos nombres hay que agregar el de Víctor Valverde, actor de teatro y televisión recientemente incorporado al cine. De Manuel Gutiérrez podemos destacar su participación en guiones que apoyaron sólidas o interesantes películas. Como «Furtivos» de Borau, «Corazón solitario», de Betriu; «Las largas vacaciones del 36», de Camino, y «Las truchas», de García Sánchez. La segunda película que dirigió fue «Camada negrra», casi el debut de Angela Molina como actriz, y en 1977 «Sonámbulos», por la que obtuvo la Concha de Plata del Festival da San Sebastián. Gutiérrez Aragón no es un director que dé facilidades al público a la hora de explica cruda historia. Lo onírico, juega una baza importante en su narrativa. Las experiencias personales resultan en ella decisiva este aspecto aparecían de un modo determinado en «Sonámbulos», pero también en «El corazón del bosque» resultan evidentes. La película constituye un éxito de público en Madrid. Lleva ya veinte semanas en cartel. Lo que puede plantearnos algunas reflexiones sobre el concepto comercialidad de un filme. En beneficio, sin duda, dél buen gusto del espectador —. Angeles MASO. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario