lunes, 8 de agosto de 2011

EL CRIMEN DE CUENCA (1981)

LA VANGUARDIA (15-8-1981) 
Dramatización de un sumario que parte de 1910 cuando dos hombres son acusados de asesinato a causa de la desaparición de un compañero. Historia verídica sucedida en Ose de la Vega rescrita por Lola Salvador Maldonado y pasada al cine casi al mismo tiempo como recordatorio de que cualquier tiempo pasado no fue mejor. «El Cepa» desaparece, y su madre (Mary Carrillo ) consigue que las fuerzas vivas piensen en un Crimen. Los autores serían los compañeros del pastor de ignorado paradero, Gregorio y León que tras las torturas a que fueron sometidos acaban por confesar un delito que no cometieron. Pilar Miró ha explicado la trayectoria de los personajes aprisionado por las circunstancias, por el peso del caciquismo, de unas fuerzas políticas y religiosas capaces de crear una supuesta verdad. Hay un toque sobrio en la descripción del paisaje, de los hombres, del medio. Pero todo es exclusivamente explícito cuando se trata de narrar el episodio de las torturas a que fueron sometidos durante los interrogatorios, y que proporcionaron en el error judicial de Cuenca, tristemente famoso. Es, en todo caso, un catastrofismo hispánico, al alcance de los bolsillos del país, que permite buscar en la crónica negra para crear un horror verídico. El catastrofismo que proporcionan las instituciones debe pasar definitivamente a la historia. Películas como la do Pilar Miró sirven no para la evasión sino para la reflexión. La filmografía de Pilar Miró ha quedado alterada en su nexo con el público. Tras «La petición» —su primer filme— hemos visto «Gary Cooper que estás en los cielos», triunfo de Miró y la Sampietro —que también consta en el reparto de «El crimen do Cuenca»— y el vacío que supuso la segunda obra se ha llenado con abundante tinta. Con todo lo que se ha escrito sobre la película y sus avatares jurídicos ,e1 público tiene un claro conocimiento del producto prohibido a fines de 1979. No hubiera sido así, come dice la propia autora, el filme estaría ya prácticamente olvidado de no haberse dado aquellas circunstancias. Positiva la dirección de actores, con Dicenta hijo y José Manuel Cervino en los papeles protagonista son, muy adaptados a las necesidades de relato, Amparo Soler Leal, Fernando Rey y Mary Carrillo. Dicenta y Cervino expresan perfectamente sus papeles de hombres no sólo sujetos a la tortura física sino a la tortura psicológica probablemente más dura la segunda tal como la ha de sufrir un hombre en aquellas circunstancias. Un realismo servido con responsabilidad por la directora que fue suficientemente inteligente como para dar un giro total en su tercer largometraje y triunfar. — Angeles MASO. 






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