jueves, 11 de agosto de 2011

QUIEN PUEDE MATAR A UN NIÑO (1979)




Una extraña película que tiene mas de desagradable que de lo contrario y que pretende ser, según parece, como una premonición de lo que pudiera oocurrir en el futuro, pero que, en el fondo, no es más que un filme de horror, con más pretensiones que aciertos. Un horror que es más moral y filosófico que visual. Pera comenzar se nos hace asistir a las escalofriantes visiones a través de fragmentos o de "flahs" de las grandes tragedias por las que ha pasado el mundo últimamente y de las que fueron las víctimas más inocentes y desamparadas, los niños. Horrores de los campos de concentración, guerra del Vietnam; guerra de Rodesia, con la hecatombe de Biafra, estragos de hambre en la India, la ya dada por supuesta invasión de Thailandia, etc.Los niños víctimas inocentes, mueren a millares —casi siempre por inanición y falta de cuidados— sin que apenas repare el mundo en estos horrendos dramas colectivos tan atrozmente repetidos. Y luego, tras ponernos en la situación de angustia que es de suponer, comienza realmente la película, su acción, su dinamismo argurmental. Un matrimonio de ingleses (ella embarazada) viene a España para pasar sus vacaciones en un pueblo costero del Sur. Pero como hay en la población por aquellos meses estivales gran bullicio, se marchan, a fin de estar más tranquilos a una islita, un pequeño pedazo de tierra, habitado habitualmente por unas doscientas personas, unas cuantas millas lejos de la costa. Pero en la que les espera la inaudita aventura que acabará con sus propias vidas. Por un fenómeno inexplicable, los niños se han rebelado contra los adultos y los van exterminado. Los hijos han asesinado e sus padres, a sus abuelos, a sus parientes... Y pretenden, corno es natural, exterminar también a este par de turistas llegados en un instante tan poco oportuno. La idea de esta rebelión de los chiquillos, sin límite de edad, es decir, casi antes de nacer (la turista, que está embarazada es muerta por la rebeldía del propio feto que lleva en las entrañas), es una hipótesis que no podrían admitir ni lo más audaces futurólogos. No tiene tampoco justificación ni explicación genética, biológica ni clínica. Sólo se trata de una fantasía escalofriante para meter miedo o, a lo más, algo así como una parábola para que se medite sobre lo que un día podría suceder si continúan las hecatombes crueles de los niños. Que son víctimas inocentes de las guerras y las grandes catástrofes pero no, por desgracia, las únicas. Antes de morir el turista inglés tiene que matar también, para defender su vida, a unos cuantos niños. Pero a éstos, según parece, no les importa mucho. El exterminio de los adultos se ha convertido para ellos en un juego macabro pero divertido. Para quien no lo es, es para el espectador. Porque Ibáñez Serrador ha hecho una película con las más escasas virtudes artísticas, que abrume y no divierte, que irrita y no emocione. Una fantasía absurda, con aspiraciones trascendentes, pero que no es más convincente ni atractiva que un filme de vampiros, por ejemplo. Un filme que, a nuestro juicio, es un gran error y tengo la impresión do que no ha satisfecho tampoco a quienes esperaban de este prolífico autor de programas de televisión —realizador también del filme de horror "La residencia" muchísimo más. — A. MARTÍNEZ TOMAS 




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