LA VANGUARDIA (6-2-1954)
Inspirada en la novela del padre Coloma del mismo título, en la que el insigne jesuita hizo una de las biografias más sugestivas, más amenas y más cargadas de sentido espiritual y patriótico de la literatura de su tiempo. «Jeromín>> ha sabido recoger cuanto de admirable y fiel tiene la obra para componer con ello una película que, por lo pronto, acierta en la sabia medida con que entraña la imaginación en la Historia, sin permitir que aquélla modifique a ésta en lo substancial, pero sí aportándole el cortejo de anécdotas que podían contribuir a su mejor y mas asequible versión cinematográfica. Esta ponderada proporción es un notorio mérito de «Jeromin», contraída al relato de la existencia infantil de don Juan de Austria hasta el momento de la solemne declaración pública de su estirpe, y nos parece indudable que aparte la valiosa substancia literaria obtenida del original, buena proporción de su simpatía y de su gracia proceden de aquellas acotaciones marginales con las que se logra un fondo de humanidad sencilla y cordial perfectamente compatible con la verdad y aun recomendable en cintas de este género. Con estos elementos descriptivos, «Jeromím> tiene a su lado un claro triunfo para seducir al público, pero menguado seria de no disponer como sostén principalísimo la época y los personajes que en la película intervienen, tan desbordantes de gloria y de evocaciones históricas, tan emocionantes por sí mismos que no tendría necesidad de más la cinta para ganarse el aplauso. La grandeza por un lado y la gracia por otro son pues, los contrastes de que «Jeromín» se vale para poner risas y emociones en el espectador, en una hábil alternancia que tiene excelente manifestación en unos intérpretes finísimos y certeros en papeles de tanto compromiso como el César Carlos, de Jesús Tordesillas. o ese espléndido Felipe II. de Adolfo Marsillach, en torno a la interpretación sorprendente del pequeño Jaime Blanch, con rasgos auténticamente inspirados que le permiten codearse de igual a igual con compañeros de reparto de tan reconocida valía como Ana Mariscal, Rafael Duran y Antonio Riquelme; todos ellos magníficos. La ambientación es también un acierto muy notable, así como la captación de exteriores, de un sentido plástico exquisito bien engranadas en un guión que, en lo literario, no presenta más inconveniente, a nuestro juicio, que el exceso de énfasis el recargado lenguaje que tan decisivamente se opone al ritmo y a la fluidez cinematográfica, por no referirnos al fuerte regusto de cosa teatral que deja en los oídos. Parece, en este aspecto, como si los adaptadores no hubiesen podido resistir la tentación de hacerse con unas fáciles bazas verbales que, en rigor, no hacía falta para ganar el juego de la emoción, garantizado por el tema y sus personajes, como tampoco era precisa la sobrecarga humorística del donoso y fanfarrón escudero. Esta parta de la película se refleja en ciertos fragmentos de la interpretación, más evidentes por la ampliación a que se ven sometidos los planos al proyectan en la nueva, pantalla «superpanoránlica». que no es otra cosa, que una pantalla de proporciones aumentadas por ambos lados hasta todo lo que da de sí 1 a boca del escenario, si bien le falta un poco de altura para que las imágenes no se escapen por los bordes. La eficacia de este descomunal lienzo es patente: en las escenas de masas y de movimientos de figurantes, así como en los paisajes, pero es perjudicial para los primeros y los medios planos, en los que abunda «Jeromin>> y que aparecen en unas proporciones excesivas. -H. SÁENZ GUERRERO.
Thanks for your comment, Paco Granados
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