Día
de estreno (20-10-1961) Día critica (21-10-1961)
Después
de un descanso de varios años, Luis G. Berlanga ha reanudado su
actividad artística ofreciéndonos a «Plácido», un film cuyo
anuncio ha bastado para suscitar en su torno gran expectación. El
inquieto y fermentativo realizador de «Bienvenido, Mr. Marshall» es
un hombre que casi siempre tiene algo que decir a quien le gusta
decirlo empleando medios originalmente expresivos. En «Plácido».
Berlanga ha abordado un tema viejo, pero siempre actual. El del
ejercicio de la caridad cristiana y las limitaciones que impone a
este espontáneo impulso, incluso en los momentos de mayor efusión,
el egoísmo humano. Berlanga desarrolla el tema mediante una
planificación que incluye dos anécdotas que se entrecruzan, y
muchos personajes. Un pequeño mundo, que podría ser un ejemplario
si tuviese más matices. Pero estos personajes no son todo lo
diferentes que exigiría una auténtica gama. Por el contrario,
resultan demasiado semejantes y hace un montón de cosas parecidas,
que imprimen al film un aire reiterado, con una sinfonía ejecutada
siempre con las mismas cuerdas. Es, en nuestro sentir, su punto
débil. Porque no basta que todos aspiren a un propósito igual
—hacer la caridad, aunque a su modo— para que tengan un fondo
psicológico tan uniforme. Las anécdotas del film son dos felices
hallazgos arguméntales, aunque de variada condición y calidad. La
del hombre que se encuentra acuciado por la necesidad de pagar una
letra protestada el día de Nochebuena es menos importante, sin duda,
que la fiesta de caridad que se organiza en esa pequeña capital de
provincia para celebrar la venturosa Natividad del Señor. «Siente a
su mesa un pobre», reza el «slogan» de la campaña caritativa.
Pero el propósito se revela en la práctica, menos cómodo y
hacedero que habían imaginado quienes lo propugnaban. Uno de los
indigentes «convidados» se emborracha. Otro tiene la mala
ocurrencia de morirse. Sin duda, la emoción, el ajetreo o tal vez el
frío que se vio obligado a soportar, en plena calle, con un tiempo
cruel, mientras se hacían los preparativos de la fiesta, lo llevaron
al otro mundo. Los pobres estorban: la caridad, aun ejercida con el
más noble afán, termina por hacerse molesta y engorrosa. García
Berlanga nos hace llegar a esta amarga conclusión, tras irnos
mostrando las incidencias patéticas, los lances burlescos y la
mezcla entre alegre y angustiada que da tono a aquella noche de
Navidad, entro unas familias burguesas que soñaron con la mejor
voluntad hacer el bien y que se encuentran luego embarazadas por una
iniciativa que termina por parecerles descabellada o tonta. En toda
la obra de Berlanga alienta un propósito de flagelar los vicios de
la organización social al uso. Berlanga no es propiamente un
revolucionario, sino más bien un nihilista, un inconformista que se
presenta en desacuerdo con la sociedad en torno, pero sin aspirar a
ofrecernos solución a sus males. En «Plácido» esta sutil
segregación de inconformismo que caracteriza su labor se hace más
patente. Las conclusiones a que nos lleva su relato son
desalentadoras Berlanga ha acumulado excesivas incidencias en la hora
y media que dura su película, como si tuviese el temor de no haber
justificado bastante su tesis o mensaje. Los veinticinco o treinta
personajes que se mueven en la cinta lo hacen con un dinamismo
vertiginoso, que obliga al realizador a dar al relato un ritmo
atropellado y sincopado. Pero no obstante estos lunares, la
realización de Berlanga nos parece mejor que el argumento y que la
tesis, a nuestro juicio más convencionales. Casto Sendra «Cassen»
ha encarnado la figura de «Plácido», que da titulo al film, aun
cuando no es más vigorosa ni brillante que la de «Quintanilla».
que tal vez tiene más densidad humana y más acento original. José
Luis López Váz, que encarna maravillosamente esta figura. Es la
suya, «Cassen» también está muy bien. En el nutrido reparto
artístico intervienen Elvira Quintilla, Amelia de la Torre, José
María Cafaren, José Orjas y Laura Granados, entre otros. A.
MARTÍNEZ TOMAS.
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