Día
de estreno (28-7-1976) Día critica (1-8-1976)
Esta
película ha tenido según se nos dice, serias dificultades para
pasar las barreras de la censura. Esta circunstancia le ha dado un
marcado relieve popular, aun antes de haber sido estrenada y
visionada ahora en un clima de expectación templada, nos parece
increíble que tales dificultades existiesen. Porque la película ha
sido realizada con moderación un claro sentido reflexivo y un sano
equilibrio. El tema, naturalmente neurálgico. Es de les materias en
las que todavía se hacen sentir las desazones, pero queda muy en el
transfondo, muy en función de un escenario pasivo más que activo.
Se trata de la guerra civil, nada menos. Pero más que propiamente la
guerra civil son sus reflejos, sus consecuencias indirectas, pero
vigorosas, lo que vernos pasar por la pantalla. No hay luchas, ni
asesinatos, ni bombardeos, aunque se habla de ellos. Y el aparato
militar se reduce a un melancólico desfile de fugitivos hacia la
frontera en los últimos días. La película comienza el día 19 de
julio de 1936, cuando se desencadena la guerra civil. Varias familias
burguesas, habitualmente residentes en Barcelona, se encuentran
pasando sus vacaciones en una pequeña población catalana. Se trata
de una burguesía de tipo medio, profesionales comerciantes, modestos
dentistas. Al principio se piensa que toda va a ser como una
tempestad violenta pero pasajera. Rápidamente sin embargo, ante el
giro que torna las cosas, se resuelven todos a continuar en la
pequeña población veraniega, hasta que pase todo, y transcurren
dos años y medio. Durante este tiempo se pasan angustias y fatigas,
se reciben noticias de familiares que han muerto en el frente, se
encuentra un día a un vecino asesinado en el cementerio, se lucha en
los últimos meses, desesperadamente por los comestibles
indispensables para sobrevivir. El hambre hace ya estragos. Quienes
lo pasan mejor, en su alegre inconsciencia, son los niños, para
quienes la estancia en el pequeño pueblo es como una prolongación
inesperada de sus vacaciones. Alguno, en este tiempo, ha sobrepasado
ya la adolescencia, y se marcha a los 17 años al frente, en donde
muere. La mayor parte de estos exiliados de la ciudad —algunos de
los cuales van, como y cuando pueden a ella para abrir sus tiendas y
vigilar sus intereses— parecen estar más o menos de acuerdo con la
situación vigente en la zona republicana. Pero no falta tampoco el
faccioso, el fascista, que augure a los amigos que lo dan albergue,
que pronto las tropas nacionales acabarán con toda resistencia, y
Mola se paseará por Barcelona. Las largas vacaciones del 36, es un
filme testimonio muy bien ambientado, realizado con gran agilidad,
que abarca con una clara intuición de la síntesis, un período de
dos años y medio, pero tiene, a nuestro juicio, el defecto de su
objetividad un tanto fría, un tanto insabora. Los personajes nunca
llegan a ser las figuras apasionadas o angustiadas que les empujaba a
ser la excepcional situación histórica por la que atravesaban, y de
la que eran también, quiérase o no, participantes. Nadie era
entonces indiferente ni neutral. Había, eso sí, algunos expectantes
con un fuerte sentido utilitario, esperando ver de qué lado caía la
pelota. Por otra parte, la multiplicidad de los tipos que intervienen
más o menos activamente, en la trama, desde el joven médico que
prefiere abstenerse y continuar sus experiencias de laboratorio,
antes que prestar sus servicios a la causa en litigio, hasta el
maestro, que asume la función de continuar educando a los niños,
que vagan alegremente sin escuela, el muestrario de personajes es muy
variado. Pero ninguno adquiere la densidad dramática que pueda
compararse a la circunstancia histórica que vive, ni expresa una
pasión correlativa a la violencia del enfrentamiento en que está
enzarzada la España dividida. Estas causas son las que determinan
que ningún personaje, no obstante la calidad de los intérpretes
consiga destacar sobre los otros de un modo relevante. Todos están
bien. Muy bien. Simplemente.— A. MARTINEZ TOMAS
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